Debo confesar que por azares del destino terminé en un blog que me gustó muchísimo, de una persona que conozco sólo por trabajo y que hasta el momento me cae muy bien, que nunca pensé que leerle fuera tan entretenido, tan similar a lo que he pensado yo. Y recordé que este es mi blog-catarsis. Cada vez que vengo y plasmo algo, es porque seguramente me siento de la fregada y tengo esa enferma necesidad de llorar palabras.
Pero también hay cosas amables, cosas sobre logros, sobre anécdotas, sobre esos momentos silenciosos que pueden olvidarse a la semana de vivirlos. Esos momentos que vale la pena recordar, plasmar y no llorar: sino escribir. Preservar.
Cuando era niña solía tener un diario, y ni siquiera era porque me naciera haberlo iniciado, sino porque en algún programa de televisión o película debió utilizarse como medio de desahogo de la historia… Sin embargo era mi diario, y daría cualquier cosa por haberlo preservado al día de hoy. ¿Qué pensaba una sAngellita a los 9 años? ¿Cómo escribía, cuáles eran sus intereses? Todas esas cosas se te olvidan cuando cumples quince, dieciocho, veinticinco… de verdad me gustaría leer qué era de esa pequeña y saber qué la preocupaba.
Después ese diario se extinguió, no me pregunten qué fue de él, quizá terminó en la basura, remplazado por una libreta de “significado de los sueños”, fue una obsesión a mis 15 años, el pensamiento diario lo sustituí por tratar de preservar en papel un sueño recién vivido. Esa nueva libreta la tenía en un buró junto a mi cama, y lo primero que hacía era desahogar todos los detalles que recordaba haber soñado en las 7 u 8 horas anteriores. Cuando llegaba al colegio, intercambiaba los elementos principales con mi mejor amiga, teníamos un libro en la biblioteca que nos descifraba el significado de esos elementos básicos: “soñar con agua, nadar, volar, ser mordida por un perro negro, acariciar un gato, besar a alguien…” Como diría hoy en día: “cosas de jóvenes” . También daría cualquier cosa por reírme un ratito con esa libreta: burlarme de mis dificultades amorosas y quinceañeras. De las tribulaciones que tuvo una sAngelle en preparatoria.
Luego viene el recuerdo de algo que sí me dolió perder. Y debo confesar que lo dejé perder por enojo. Más de una libreta de cómics y caricaturas que hice terminando la preparatoria. Dejé a un lado la libreta de sueños y comencé a dibujar mis ilusiones en forma antropomorfa. sAngelle era entonces una fuente de inspiración para dibujarse a sí misma y a su grupo de amigas en situaciones por demás cómicas. Éramos nosotras contra el mundo, nosotras con los chicos que ni nos pelaban en la vida real, pero que en el cómic rogaban por una cita; nosotras viviendo en un universo paralelo de moda, chicos, conciertos, películas y siendo incluso las estelares merecedoras de un premio de Academia. Fue mi primer acercamiento con una exposición artística. Y hubo, literal, una exposición de cómics que hice. La expuse en la biblioteca durante un mes. (¡Juro que esto último lo había olvidado!). Esas libretas terminaron en una bolsa de basura -y perdón PERDÓN a todas las amigas involucradas- porque en la adolescencia se hacen cosas estúpidas (y dicen que es por los cambios hormonales, ¿será?).
Finalmente, puedo decir que es gracias a este espacio que puedo venir a leer, y releer a la sAngelle de 2009 a la fecha. La sAngelle que ha tenido que madurar a base de duras experiencias y que no se arrepiente de haberlo hecho así. La que aún tiene tantas cosas que plasmar, quien se ha ganado los dos segundos de algunos y muchos se han ganado más de dos segundos de ella.
Aquí seguiré, espero en un lustro volver a este espacio y llorar/reír/recapitular y observar cuánto he cambiado o permanecido. Al final del día la escencia permanece.
Buenas madrugadas.








