El corazón no es de quien lo rompe… sino de quien lo repara.
Al menos el mío así funciona.
(Cuento basado en una historia real)
Todas las noches el perro guardián cuidaba el estacionamiento. El dueño lo situó justo en la entrada, donde las personas no se atrevían a avanzar más por temor al enorme animal Rottweiler con pinta de pocos amigos.
Él cumplía muy bien con su trabajo, a quien se acercara le ladraba en el acto, y el extraño retrocedía con sigilo. Pero había un problema: la cadena que le ataba a pesar de ser muy larga, lo limitaba hasta un metro antes de la banqueta y uno antes de la caseta de cobro, para evitar que llegara a los pies de los clientes, en caso de resultar una confusión con algún ladrón.
A este Rottweiler todas las noches lo acompañaba un perro callejero, que lo pasaba a saludar y estaba unas cuantas horas jugueteando y ladrando con él, como si se conocieran desde cachorros. Al dueño le molestaba esta compañía:
-Lo distrae de sus funciones.
Expresaba el dueño, sabiendo que lo único por lo que perduraba esta visita eran los restos de croqueta que el Rottweiler dejaba en su plato de comida. Cuando él se daba cuenta de este acto, le gritaba al “inquilino”:
-¡Eh tú!, ¡he visto lo que has hecho!
Y esto bastaba para que el perro callejero huyera para evitar una promesa de golpiza con una gran escoba que se asomaba delante del malhumorado semblante del dueño del lugar.
Una noche se acercó un extraño más, los dos perros se encontraban juntos, como cada noche; y de pronto el intruso intentó ir más adentro del estacionamiento, mirando con codicia una camioneta que algún cliente había dejando en salvaguarda.
El Rottweiler ladró ferozmente, y por más que trató de alcanzarlo, el límite de su cadena le impedía llegar hasta donde el intruso caminó. Éste no había reparado en el segundo perro, que permaneció callado en una sombra cercana al Rottweiler.
Sorpresa se llevó el intruso que tuvo salir huyendo del lugar pues el perro callejero lo persiguió media cuadra adelante casi con un pedazo de su pantalón en el hocico.
El dueño del lugar reparó de este incidente y entonces comprendió que la amistad de su perro había salvado su negocio esa noche. Terminado lo sucedido, se acercó al perro callejero cuando éste regresó con su amigo canino y le habló:
-¡Eh tú!, ¡he visto lo que has hecho!, ven aquí.
El perro callejero extrañó la presencia de la escoba, en su lugar había un cazo enorme lleno de croquetas que llevaba en la mano.
Esa noche el dueño del lugar se sintió más tranquilo, pues su estacionamiento quedó protegido de la cadena para delante.
Si algo he aprendido de esta vida es, que si deseas capturar un momento, tiene que ser con decisión. Es como cuando deseas tomar una fotografía de la Luna, cuando crees que el cuadro es precioso y si no estás preparado para tomarla en ese momento, llega una nube y se pierde el ángulo. Cuando la nube se va, ya no hallas esa Luna igual.
¿Te ha pasado? A mí sí, muchas veces. Pero no más.

Las lunas de octubre son las más preciosas, dicen. Para mí las lunas de octubre son las más nostálgicas que existen. No es que les tenga ningún rencor, sino que todo se combina para darme en la memoria: el clima frío, la luz de la luna, quizá me predispongo, quizá solo recuerdo.
☜Å☞: Oh my Blog!!