Tus trenzas causan desdeños
no por negras y sedosas,
sino porque son dichosas
cuando ruedan por tu pecho.
Ay Sandunga! Sandunga Mamá por Dios!
Sandunga no seas ingrata,
Cielo de mi corazón.
Eres un granito de oro
prendido en mi corazón.
Porque sabes que te adoro,
te vales de la ocasión.
Ay Sandunga! Sandunga Mamá por Dios!
Sandunga tu amor me mata,
negra de mi corazón.
Al pie de un árbol bendito
llorando me arrodillé,
las lágrimas de mis ojos
se cuajaban al caer.
Ay Sandunga! Sandunga Válgame Dios!
Sandunga tú eres Tehuana,
Cielo de mi corazón.
Alguien quíteme la rola del corazón!
Hoy extraño a mi familia. E irónicamente los recuerdo con la canción que me disgustaba cuando era niña.
Sigh.